(obra para anatomía)
Personajes:
- Coxal :
- Coxis :
- Fémur :
- Fíbula :
- Patela :
- Sacro :
- Tibia :
Tibia : ¡Si, claro! Tomando calcio con tus amigos, seguro que te voy a creer.
Fémur : Y que otra cosa más podría haber estado haciendo si tu sabes que los viernes salgo a tomar calcio con el humero y el radio.
Tibia : No te creo, lo más probable es que hayas estado articulando con el sacro.
Fémur : Pero… (Es interrumpido por Tibia)
Tibia : Y no me vengas con que no articulas con el sacro, porque tu cabeza femoral es larga por puro que quieres estar más cerca de ella.
Fémur : Pero si yo tengo mis cóndilos para articular contigo y mi cabeza con nuestro sostenedor, el Coxis.
Patela : ¡Es cierto! ¡Es cierto! Yo veo eso. (Fémur y Tibia la miran con ira)- Ups…
Tibia : Saltó lejos el Escafoides…
Patela : Deberías agradecer, ya que si no es por mis chismes nunca se hubiesen juntado ustedes dos. Y mira que te tengo hartas guardadas.
Fémur : (salta y dice) ¡Ah! ¿Sí? ¿Cómo qué?
Tibia : Cuidado con lo que dices, no queremos ver una fractura por acá.
Patela : ¡¿Fractura?! Calladita mejorcito mi querida Tibia, porque no quiero decir nada sobre Fíbula.
Tibia : ¡Qué cosas dices! (Algo nerviosa)
Fémur : Siempre sospeché de ese hueso largo. Tan largo para meterse entre tú y yo.
Tibia : Pero espera…
Fémur : Te apuesto que andaba rozando tus Cóndilos, suelta…
Patela : (Se pone frente a Tibia y dice) ¡Chan! (Al Público) No sabe nada que tiene una incisura fibular, una carilla oval exclusiva para él.
Sacro : ¡¿Fémur?! ¿Hola? (Con voz coqueta) ¿te llego mi mensaje muscular? Lo mandé a tu trocánter mayor a través de nuestro mensajero músculo iliopsoas.
Fémur : es viernes, voy con humero…
Fíbula : ¿Tibia? ¿Ya se fue el odioso de tu marido a articular con sus amigos? Consumen calcio como si fuese a cesar el sistema. (Se topa cara a cara con Fémur que iba escapando)
Fémur : ¡Lo sabía! Sabía que estabas con él.
Patela : (Al público) De todas formas eso era más sabido que el final de 1810. ¡Hmmm!… Esto se está poniendo cartilaginoso, voy a llamar a las autoridades…
Fémur : ¿No tienes algo que decir?
Fíbula : No tengo nada que decirte, no es mi culpa que la incisura fibular en tu (irónico) “noviecita” Tibia en su epífisis inferior sea tan lisa y perfecta para que yo encajar mi cara articular maleolar (con cara de depravado), además soy un apoyo real para Tibia, amplío el área para inserciones musculares por la membrana interósea que se me inserta.
Fémur : ¡Entonces lo admites! (Comienza un bullicio de todos hablando a la vez, culpándose unos a otros)
(Llega Coxal con su secretario Coxis guiados por Patela)
Coxal : ¡Si no se callan los extirparé a todos! (Agresiva, silencio rotundo). ¿Cuál es el problema? (con voz suave y cariñosa).
(Se adelanta Patela con intenciones de contar ella el problema)
Coxal : ¡Cállate la boca! (Agresiva) Que me lo cuenten ellos (Suave).
Coxis : (Al público) Tiene problemas de bipolaridad.
Fémur : Ocurre que Tibia me ha sido infiel, yo que tanto articulaba con ella con sus cóndilos medial y lateral…
Tibia : (interrumpiendo) Y tu que te acercas al Sacro, tu cabeza ha aumentado considerablemente solo para alcanzarla, menos mal que está usted su excelencia para interrumpir.
Coxal : Comenzamos el litigio.
Coxis : ¡Si! Comenzamos el litigio (Termina riendo).
Coxal : Díganme que exige cada uno.
Fémur : ¡El divorcio! (Mira a Sacro y le guiña un ojo).
Coxis : A ver… seamos más técnicos, ¿Ud. Está pidiendo la extirpación?
Fémur : Justamente eso.
Coxis : (a Tibia) ¿Con sociedad de ligamentos o separación de ligamentos?
Tibia : Con ligamentos juntos, o sea, con sociedad de ligamentos señoría.
Fíbula : (algo preocupado por la idea) Si te llegan a extirpar Tibia, yo me voy contigo, aunque de todas formas excelencia, forman una articulación importante Tibia y Fémur, forman la rodilla, y yo opino… ehem… este…
Fémur : (irónico) ¿Qué? Acaso no te atreves a decir que no eres muy útil, no afecta mucho que te extirpen si no me equivoco.
Sacro : ¡Si! No haces mucho, Fíbula, ¿O crees que en tu diáfisis superior, tu ápice sirve de mucho? ¡Pf! Un tendón del Bíceps femoral y el ligamento lateral fibular de la rodilla. Hasta el apéndice es más útil que tu.
Patela : (Al público) Ahora que lo recuerdo, si estos dos se terminan separando quedo sin pega, y tengo que mantener a la rodilla, si no mis pobres caras articulares medial y lateral me serán inútiles y estamos en crisis, no hay que desperdiciar cosas.
Coxal : Oí eso Patela, tengo los antecedentes suficientes para darle solución a este conflicto.
Coxis : ¡Si! Para darle solución a este conflicto (se ríe).
Tibia : Pero yo aun no he alegado.
Coxal : JaJaJa, no seas feminista, ya tengo la solución. Si ustedes se separan, Patela quedará sin trabajo, o sea, la rodilla sin sustento y este pobre diablo sin poder caminar, además, serían completamente inútiles, los cuales no queremos más acá (mirando a fíbula), ¡por lo que declaro que se extirpe a Fíbula!
Tibia : Pero es injusto, yo estuve con fíbula porque Fémur me deja por Sacro y no me pesca, yo necesito compañía y un apoyo en momentos de tensión.
Coxis : ¿Algo que decir Fémur?
Fémur : Este, yo…
Sacro : Está bien Fémur, después de todo, ahora que veo a coxis, y su superficie articular, que nos une, no me había dado cuenta que estaba justo arriba de algo tan… (Cara de… bueno, ya saben).
Coxis : ¡Si! al fin se fija en mí, ¡Como te quedo la Fóvea, Fémur! (a Sacro) También me fijaba en tus forámenes posteriores, Sacro. (Risitas coquetas entre ambos).
Fémur : (Resignado) Después de todo, estoy obligado a estar contigo, juro articular solo contigo, y con usted señoría para que asegure mi extremo proximal.
Tibia : OK, de todas formas, tu eres más largo que Fíbula, (ahora dirigiéndose a este) lo nuestro no hubiese funcionado, lo siento.
Fíbula : Me opongo, todos quedan felices menos yo.
Coxal : No me interesa, después de todo, ya no nos vas a acompañar, ¡Caso cerrao’! (con tono a lo cubano)
FIN
miércoles 22 de abril de 2009
martes 14 de abril de 2009
Del Polvo Nacimos
(Historia creada por una tarea de Laboratorio de Anatomía)
En muchos lugares del mundo han nacido mitos y leyendas de como se originó el ser humano. En el oriente, en Europa, África y América. Al igual que en el cristianismo, en la América precolombina se dijo que el hombre fue una creación divina, que Dios tomo un poco de barro, lo moldeó y, a su imagen y semejanza, saco un ser al que llamó humano. Pero lo que no muchos saben es que en Centroamérica los dioses nos habían creado antes de madera y luego nos “rehicieron” de tierra y agua. Yo les contaré las razones.
Luego de la creación del mundo y los animales, los dioses tomaron un tronco y nos tallaron, firmes como un árbol, y nos dotaron de inteligencia. Pero somos seres terrestres y por ende no somos parte del gran reino que ellos poseen en las alturas. Nos dejaron el conocimiento de que debíamos alimentarnos, que lo podíamos hacer tanto de plantas como otros animales. Pero se marcharon sin probarnos antes y para cuando se habían ido, era demasiado tarde, ya no podrían volver a ayudarnos.
Tratamos de cazar, pero no podíamos flectar nuestras piernas, nos topábamos con animales que nos hacían pedazos por no poder darles un golpe certero. Estábamos extinguiéndonos. Fue allí cuando a uno de los nuestros se le ocurrió articularnos, tomó un hacha se cortó un brazo a la mitad y con una piedra comenzó a raspar. Se redondeó el extremo distal de lo que hoy en día conocemos como humero, y le agregó de medial hacia lateral una epitróclea separada de una tróclea junto a un cóndilo y un epicóndilo. Mientras al trozo de madera sobrante le agregó un olécrano, una cavidad sigmoidea y una apófisis coronoides. Así el humero mecanizaba ahora con la actual epífisis proximal de la ulna.
Cazar se volvió más sencillo ahora que en ambos brazos poseían los movimientos de flexión y extensión, pero aun así costaba sujetar y lanzar las lanzas y piedras, por lo que nuestro mismo genio inventor, adecuó otro trozo de madera haciendo una cabeza y cuello, algo redondos al lado de la ulna, creó un hueso largo que podía sobreponerse al que ya poseían, y para complementar, moldeo muchos trocitos (casi astillas) en el extremo distal de ambos huesos del antebrazo. Los encajó en apófisis estiloides del radio. Con esto ahora teníamos la habilidad de tomar firmemente los objetos, y para lanzarlos mejor, separo el brazo del hombro, el que reforzó con dos trozos de madera, uno para protegerse un poco desde la espalda y el otro para reforzar todas las articulaciones que acababa pulir. Nuestro héroe pensó que si no podían en la batalla debería correr, y articulo los miembros inferiores, pensó que si caía de altura podría amortiguar el golpe articulando el tronco del cuerpo, pensó, y pensó, y pensó…
Para el final de la semana, nuestro cuerpo era una mezcla de doscientas seis piezas distintas con sus formas y tamaños, funciones y movimientos, todo distinto. Pero no tenía la suficiente fuerza. Los dioses al venir a observarnos, se asombraron de las “mejorías” que tenia nuestro cuerpo, así que mientras dormíamos nos agregaron barro y moldearon nuestros músculos, usaron seda como tendones, nos incrustaron en tuberosidades, áreas rugosas surcos, y tantas otras partes del recién creado esqueleto para que pudiéramos aplicar fuerzas superiores al peso de nuestro cuerpo, que, por ejemplo, nos facilitaron la pronación poniéndonos un músculo pronador redondo en la rugosidad medial del radio, una parte de la epífisis distal del humero y en su extremo proximal nos agregaron en la tuberosidad mayor un músculo subescapular que daba con la fosa supraespinosa de la escápula.
Tardaron toda la noche en mejorar nuestro cuerpo, y quedaron muy agotados. Luego se fueron sin decir adiós, dejándonos una nota: Buen trabajo hicieron en ustedes mismos, pero por no aprobarse y cambiarse, deberán hacernos saber que nos recuerdan y nosotros los ayudaremos, ahora no nos vera, hasta que del polvo del que salieron vuelvan a ser parte.
Y es por esta razón que cuando morimos y somos enterrados, nuestros músculos y órganos son transformados en tierra, y nuestros esqueletos son el recuerdo de nuestra propia creación en un mundo de transición hacia el abrazo divino.
En muchos lugares del mundo han nacido mitos y leyendas de como se originó el ser humano. En el oriente, en Europa, África y América. Al igual que en el cristianismo, en la América precolombina se dijo que el hombre fue una creación divina, que Dios tomo un poco de barro, lo moldeó y, a su imagen y semejanza, saco un ser al que llamó humano. Pero lo que no muchos saben es que en Centroamérica los dioses nos habían creado antes de madera y luego nos “rehicieron” de tierra y agua. Yo les contaré las razones.
Luego de la creación del mundo y los animales, los dioses tomaron un tronco y nos tallaron, firmes como un árbol, y nos dotaron de inteligencia. Pero somos seres terrestres y por ende no somos parte del gran reino que ellos poseen en las alturas. Nos dejaron el conocimiento de que debíamos alimentarnos, que lo podíamos hacer tanto de plantas como otros animales. Pero se marcharon sin probarnos antes y para cuando se habían ido, era demasiado tarde, ya no podrían volver a ayudarnos.
Tratamos de cazar, pero no podíamos flectar nuestras piernas, nos topábamos con animales que nos hacían pedazos por no poder darles un golpe certero. Estábamos extinguiéndonos. Fue allí cuando a uno de los nuestros se le ocurrió articularnos, tomó un hacha se cortó un brazo a la mitad y con una piedra comenzó a raspar. Se redondeó el extremo distal de lo que hoy en día conocemos como humero, y le agregó de medial hacia lateral una epitróclea separada de una tróclea junto a un cóndilo y un epicóndilo. Mientras al trozo de madera sobrante le agregó un olécrano, una cavidad sigmoidea y una apófisis coronoides. Así el humero mecanizaba ahora con la actual epífisis proximal de la ulna.
Cazar se volvió más sencillo ahora que en ambos brazos poseían los movimientos de flexión y extensión, pero aun así costaba sujetar y lanzar las lanzas y piedras, por lo que nuestro mismo genio inventor, adecuó otro trozo de madera haciendo una cabeza y cuello, algo redondos al lado de la ulna, creó un hueso largo que podía sobreponerse al que ya poseían, y para complementar, moldeo muchos trocitos (casi astillas) en el extremo distal de ambos huesos del antebrazo. Los encajó en apófisis estiloides del radio. Con esto ahora teníamos la habilidad de tomar firmemente los objetos, y para lanzarlos mejor, separo el brazo del hombro, el que reforzó con dos trozos de madera, uno para protegerse un poco desde la espalda y el otro para reforzar todas las articulaciones que acababa pulir. Nuestro héroe pensó que si no podían en la batalla debería correr, y articulo los miembros inferiores, pensó que si caía de altura podría amortiguar el golpe articulando el tronco del cuerpo, pensó, y pensó, y pensó…
Para el final de la semana, nuestro cuerpo era una mezcla de doscientas seis piezas distintas con sus formas y tamaños, funciones y movimientos, todo distinto. Pero no tenía la suficiente fuerza. Los dioses al venir a observarnos, se asombraron de las “mejorías” que tenia nuestro cuerpo, así que mientras dormíamos nos agregaron barro y moldearon nuestros músculos, usaron seda como tendones, nos incrustaron en tuberosidades, áreas rugosas surcos, y tantas otras partes del recién creado esqueleto para que pudiéramos aplicar fuerzas superiores al peso de nuestro cuerpo, que, por ejemplo, nos facilitaron la pronación poniéndonos un músculo pronador redondo en la rugosidad medial del radio, una parte de la epífisis distal del humero y en su extremo proximal nos agregaron en la tuberosidad mayor un músculo subescapular que daba con la fosa supraespinosa de la escápula.
Tardaron toda la noche en mejorar nuestro cuerpo, y quedaron muy agotados. Luego se fueron sin decir adiós, dejándonos una nota: Buen trabajo hicieron en ustedes mismos, pero por no aprobarse y cambiarse, deberán hacernos saber que nos recuerdan y nosotros los ayudaremos, ahora no nos vera, hasta que del polvo del que salieron vuelvan a ser parte.
Y es por esta razón que cuando morimos y somos enterrados, nuestros músculos y órganos son transformados en tierra, y nuestros esqueletos son el recuerdo de nuestra propia creación en un mundo de transición hacia el abrazo divino.
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